Leopoldo María Panero, el último poeta transgresor
Parece ser que fue Pere Gimferrer, en aquel tiempo delfín de la nueva poesía española, quien recomendó encarecidamente a Manuel Casarena la publicación de "Por el camino de Swan". Pero Leopoldo María Panero, el joven autor que se descubriera en aquellos versos dados a la estampa en Málaga en 1968, poco o nada tenía que ver con su padrino. Incluidos ambos con posterioridad en la hoy legendaria antología de José María Castellet "Nueve novísimos poetas españoles" (Barral, 1970), lo que para Gimferrer era sorpresa, fascinación ante la belleza, para Panero era desesperación ante la irremediable pérdida de la infancia. En los más de 30 años transcurridos desde entonces, mientras el resto de sus compañeros de generación han pasado ha engrosar el parnaso de la excelencia de nuestras letras, Panero se ha convertido en el único poeta maldito que ha conocido nuestra literatura en ese tiempo. Mientras los otros ganaban premios, ocupaban cargos y debatían en las tertulias de los distintos medios de comunicación, Panero languidecía en cárceles, manicomios y sórdidas pensiones. "Mal puedo vender la ruina de mi conciencia o mi desastre al mejor postor. Me conformo con escribirla porque sólo eso no muere, sólo eso nos salva de la muerte", apuntaba en la contraportada de "Antología" (Ediciones Libertarias, 1985).
Una saga de poetas
Hijo de Leopoldo Panero (1909-1962), sobrino de Juan Panero (1908-1937) y hermano de Juan Luis Panero (1942), todos ellos poetas de sugerente voz, Leopoldo María Panero nació en Madrid en 1948. Al igual que tantos descendientes de los prohombres del régimen franquista –su padre, pese a haber estado a punto de ser fusilado a comienzos de la guerra por los nacionales como consecuencia de su amistad con destacados poetas comunistas, terminó por alistarse en las tropas de Franco para acabar, ya en los años 50, siendo director del Instituto de Cultura Hispánica–, el joven Panero se siente fascinado por la izquierda radical. Vive pues con la pasión que corresponde la aventura de la clandestinidad. Su militancia antifranquista constituirá el primero de sus grandes desastres y le valdrá su primera estancia en prisión.
Drogas y manicomio
De aquellos años jóvenes datan también sus primeras experiencias con las drogas. Desde el alcohol hasta la heroína, a la que dedicaría una impresionante colección de poemas en 1992, ninguna le es ajena. Según comenta él mismo en la película "El desencanto", dirigida por Jaime Chávarri en 1976, fue uno de los primeros consumidores de ácido lisérgico que hubo en Madrid. No obstante, se engañan quienes piensan que sus viajes a los paraísos artificiales los que le llevaron al manicomio por primera vez. Es el resquebrajamiento de un paraíso tan verdadero como la infancia y, sobre todo –como con tanto acierto apunta Rosa María Pereda en "Joven Poesía Española" (Cátedra, 1979)– la exacerbación de la lectura, lo que –si es que verdaderamente la ha perdido– hace a Panero perder la razón. Las voces que oye nuestro poeta nada tienen que ver con esas otras que agobian a los desequilibrados entre los que vive desde hace más de 15 años. En los oídos de Panero susurran Lewis Carroll, Edgar Allan Poe, James M. Barrie, H. P. Lovecraft...
«Forzar la vida»
Es por ello que sus constantes reclusiones no le impiden desarrollar una copiosa bibliografía no sólo como poeta, sino también como traductor, ensayista e incluso narrador. Mientras va de la antigua prisión madrileña de Carabanchel al manicomio de Cienpozuelos y de éste al de Mondragón, convencido siempre de que "la vida hay que forzarla", lo que invariablemente acaba traduciéndose en un irremediable intento de autodestrucción, sus distintas entregas aparecen con regularidad. A partir de la segunda de ellas, "Así se fundó Carnaby Street" (Ocnos, 1970), donde se incluye su célebre poema "Deseo de ser piel roja", la melancolía de los mitos de su infancia corre pareja a un experimentalismo apasionado. Así aparecen "Teoría" (Lumen, 1973), "Narciso o el acorde último de las flautas" (Visor, 1979), "Last River Together" (Ayuso, 1980), "Dioscuros" (Ayuso, 1982), “El último hombre" (Ediciones Libertarias, 1984)... Su obra narrativa incluye "En lugar del hijo" (Tusquets, 1976) y "Dos relatos y una perversión" (Ediciones Libertarias, 1984). Entre sus versiones de distintos autores anglosajones destacan las de Lewis Carroll: "La matemática demente", "La caza del Snark", etcétera. De una u otra manera, todas sus páginas, hasta sus traducciones, son autobiográficas. La autocontemplación, junto a esa ya aludida autodestrucción, es otra de las claves de su obra. Más de 30 años después de la publicación de sus primeros versos, Leopoldo María Panero no sólo es el único poeta maldito de nuestro panorama literario, sino también el transgresor por antonomasia de nuestras letras. No en vano, la biografía que su singular experiencia inspiró recientemente lleva por título "El contorno del abismo".
Te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
te mataré mañana poco antes del alba
cuando estés en el lecho, perdida entre los sueños
y será como cópula o semen en los labios
como beso o abrazo, o como acción de gracias
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
y en el pico me traiga la orden de tu muerte
que será como beso o como acción de gracias
o como una oración porque el día no salga
te mataré mañana cuando la luna salga
y ladre el tercer perro en la hora novena
en el décimo árbol sin hojas ya ni savia
que nadie sabe ya por qué está en pie en la tierra
te mataré mañana cuando caiga la hoja
decimotercera al suelo de miseria
y serás tú una hoja o algún tordo pálido
que vuelve en el secreto remoto de la tarde
te mataré mañana,
y pedirás perdónpor esa carne obscena,
por ese sexo oscuro
que va a tener por falo el brillo de este hierro
que va a tener por beso el sepulcro,
el olvidote mataré mañana cuando la luna salga
y verás cómo eres de bella cuando muerta
toda llena de flores,
y los brazos cruzados
y los labios cerrados como cuando rezabas
o cuando me implorabas otra vez la palabra
te mataré mañana cuando la luna salga,
y así desde aquel cielo que dicen las leyendas
pedirás ya mañana por mí y mi salvación
te mataré mañana cuando la luna salga
cuando veas a un ángel armado de una daga
desnudo y en silencio frente a tu cama pálida
te mataré mañana y verás que eyaculas
cuando pase aquel frío por entre tus dos piernas
te mataré mañana cuando la luna salga
te mataré mañana y amaré tu fantasma
y correré a tu tumba las noches en que ardan
de nuevo en ese falo tembloroso que tengo
los ensueños del sexo,
los misterios del semen
y será así tu lápida para mí el primer lecho
para soñar con dioses, y árboles,
y madrespara jugar también con los dados de noche
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra.
"El último hombre" 1984
"El último hombre" 1984











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